Un pensador incapaz de dejar de pensar.

 

Últimamente no dejo de pensar, nunca.

Mi  mente no deja de procesar una y otra vez cada cosa que ronda por ella. Es frustrante, agotador, caótico. Pero no es nada que no conozca ya, estoy acostumbrado al ruido constante que conlleva pensar demasiado las cosas.

Cuando estoy ocupado o distraído, el ruido desaparece. Pero al estar despejado surge de nuevo.

Vivir con ese molesto ruido constantemente tiene sus ventajas, aunque casi inexistentes. Pensar demasiado las cosas nunca suele traer nada bueno, o eso dicen.

El escritor ha de transmitir algo con sus palabras, o eso creo.

En ocasiones escribo para mí mismo, pero deseo que los demás me lean.

Tengo miedo a que la gente me lea, pero espero ansioso el momento en que alguien pase la primera página y quede inmerso en mis palabras.

¿Tendré el talento suficiente? Es más, ¿hace falta tenerlo?

Quién querría leer mis palabras y frases sin sentido…

¿Quién querría compartir este molesto ruido conmigo?

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